miércoles, 26 de mayo de 2010

Amor, llamas a mi puerta cuando yo estoy ausente.

Te siento, te acercas lentamente hacia mi. Tus ojos brillan cuando miran a los míos. Sigues acercándote sonriente, con fuerzas, con ganas de empezar otro día junto a mi y más que un día una vida entera.
Un paso, otro paso, cada vez estás más cerca. Vas alzando tu brazo poco a poco, tu mano va cogiendo forma para acariciar mi cara y cuando estás a tan sólo un centímetro de mi yo me alejo.
Si, eres tú, eres tú al que tanto soñé, al que tanto deseé tener en mis días, en mis noches, eres tú quien llenas mis días tristes en alegres. Eres tú quien me da ganas de vivir, de seguir al frente. Eres tú ese amor que tanto soñé pero yo, hoy en día no soy yo.
Amor, por qué llamas a mi puerta cuando yo estoy ausente?

Tiempo...

Vuelvo a sentirte de nuevo, sigues con esa sonrisa y esas ganas de luchar por mi, no te rindes, es lo que veo. Caminas, tu rumbo, yo.
Un centímetro nos vuelve a separar aunque esta vez no hay amagos de caricias, sólo nos miramos fijamente en silencio.
Tras unos minutos, bajo la cabeza y al segundo es tu mano quien la vuelve a poner en su sitio, colcando mis ojos a la altura de los tuyos, mi boca rozando tu aliento, mi nariz casi chocando con la tuya.
Mi corazón se dispara, siente, te siente. Esta vez no hay huida, esta vez no me alejo, esta vez si soy yo.

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